Al menos siete buques petroleros detuvieron sus motores o cambiaron de rumbo para evitar que Estados Unidos confisque sus embarcaciones bajo el argumento de financiar al gobierno de Nicolás Maduro.
Este nuevo grupo de buques rastreados por Bloomberg se une a otros cuatro tanqueros que huyeron a mediados de diciembre, inmediatamente después de que militares estadounidenses abordaran el buque Skipper.
La administración de Donald Trump intensifica así su campaña de presión, en la cual las fuerzas militares ya confiscaron dos petroleros y ejecutaron ataques contra presuntos barcos de tráfico de drogas que dejaron un saldo de más de 100 muertos. Ante esta ofensiva, el gobierno de Caracas mantiene su postura oficial: «Venezuela ha negado las acusaciones y ha calificado las acciones de Estados Unidos de ilegales».
En una escalada paralela, Estados Unidos bombardeó una instalación en territorio venezolano presuntamente utilizada para el transporte de narcóticos y aplicó sanciones directas contra cuatro empresas chinas y cuatro buques vinculados al comercio de crudo venezolano. Actualmente, los barcos que huyen de las aguas del Caribe transportan un total de 12,4 millones de barriles de petróleo; de estos, cuatro naves se desviaron por completo mientras otras tres permanecen varadas en mar abierto.
Este éxodo de navíos provoca que los tanques de almacenamiento en Venezuela alcancen su capacidad máxima, una saturación que obligó a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) a cerrar diversos pozos.
El impacto golpea directamente a la Faja Petrolera del Orinoco, zona que concentra la mayor producción del país y que registró una contracción del 25 % al 29 de diciembre en comparación con los niveles de mediados de mes. En contraste con este bloqueo general, la compañía estadounidense Chevron mantiene la extracción de crudo venezolano gracias a una licencia otorgada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos,













