Como todos los caraqueños, Henrique Capriles, de 53 años, se despertó sobresaltado la madrugada del 3 de enero. Sus hijos lloraban por los estruendos. Como muchos padres aquella noche, mintió y les dijo que eran fuegos artificiales.
Pero pronto se dio cuenta de que era un ataque de Estados Unidos. Más le sorprendió el hecho que conoció poco después: la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Maduro había sido depuesto, algo que Capriles había tratado por vías políticas desde que se enfrentaron en las elecciones de 2013.
Entonces era Capriles el líder de una oposición que ahora comanda María Corina Machado y que vive una encrucijada ante el cambio del país.
Maduro no está pero el chavismo sigue al frente con Delcy Rodríguez como presidenta encargada.
Machado está fuera del país, Donald Trump dice que Estados Unidos dirige Venezuela y Capriles es parlamentario en una Asamblea Nacional dominada por el oficialismo y que parece apuntar a reformas económicas.
Capriles ha sido acusado por opositores de colaborar con el gobierno, pero él dice que aspira a influir en busca de una transición a la democracia y de unas elecciones futuras.
De momento se centra en que la economía del país mejore y en que realmente cambien las instituciones.
Y espera que realmente los intereses de Trump no vayan en contra de los que cree que son los de la mayoría de los venezolanos.
A continuación la entrevista que BBC Mundo le realizó a Henrique Capriles, editada y recortada por razones de claridad y concisión.
Usted que durante tanto tiempo se enfrentó a Nicolás Maduro, ¿cómo tomó personalmente la noticia del 3 de enero?
Yo creo que ese fue un día que quedará en la memoria de todos los venezolanos.
Así como El Caracazo en el año 1989 [una revuelta popular espontánea que estalló en protesta por las drásticas medidas económicas implementadas por el gobierno de Carlos Andrés Pérez] y los dos intentos de golpe en el año 1992, el 3 de enero del año 2026 estará en la historia de nuestro país.
¿Cómo lo tomamos? Con una sorpresa. Creo que nadie se lo esperaba.
Había días donde había más ruido sobre la posibilidad de una intervención en tierra por parte del gobierno de Estados Unidos, pero yo creo que nadie se esperaba esa intervención del ejército estadounidense, que fueran a entrar y menos que se llevaran a Nicolás Maduro y a Cilia Flores.
Bueno, yo tengo tres hijos pequeños y el bombazo lo sentimos.
Caracas es un valle. Yo estoy no tan cerca, pero sí puedo escuchar si algo pasa en La Carlota, que es la base militar, el aeropuerto dentro de la ciudad de Caracas.
Había gente que pensaba que era un enfrentamiento militar interno.
Como lo escuché y la manera en que fue, le dije a mi esposa: «Esto es una intervención de Estados Unidos».
Fue un episodio desconcertante. Mis hijos, obviamente, estaban llorando.
Al final, como usted dice, fue una medida de fuerza la que sacó a Maduro y una intervención de un país extranjero, ¿qué piensa de ello?
[En Venezuela] hay miedo a expresarse.
Muy probablemente, si en el país no hubiera miedo, muchos venezolanos hubieran salido a celebrar lo que pasó esa madrugada.
Con la verdad ni temo ni ofendo.
En algún momento es un debate que se tiene que dar en el país: ¿por qué llegamos hasta allá?
El mensaje del régimen venezolano ha sido tratar de victimizarse y tratar de apelar al derecho internacional.
Es cierto que el derecho internacional hoy en el mundo está en una situación crítica.
El régimen venezolano sale con el rol de víctima. ¿Cuántas veces no pisoteó el derecho interno?
Que Maduro pueda nombrar sus propios abogados, nombrar su propia defensa en el juicio que está enfrentando en Estados Unidos es un derecho que él le negó a cientos de venezolanos.
[Les negó] abogados para poder defenderse de una causa que el régimen venezolano de la noche a la mañana les impuso.
¿Cuántos encarcelados, cuántos juicios abiertos, cuánta persecución, cuánto hostigamiento?
No quiero yo decir con esto que porque se viola la ley (aquí), entonces todo el mundo está en el derecho a violar la ley.
Usted lo intentó durante años, pero esto está pasando bajo el liderazgo opositor de María Corina Machado. ¿En qué papel queda usted dentro de la oposición tras haber sido crítico de Machado y de su estrategia de lazos más cercanos con el gobierno de Estados Unidos y con Trump?
Yo creo que personalizar las cosas es un error. Aquí no estamos en una competencia para ver quién lidera un proceso.
La teoría de cambio del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, es la misma que nosotros defendemos desde hace unos largos años, con la cual podemos empezar a construir lo que queremos todos los venezolanos, que es la recuperación de la democracia y la alternancia en el poder.
Es necesario que tú recuperes el ingreso de la familia venezolana para después aterrizar en lo que queremos los venezolanos: la recuperación de la democracia.
Pero una democracia que dure, que sea estable. Es lo que yo creo que está faltando.
La palabra transición puede tener distintas interpretaciones. Yo creo que a la palabra transición hay que ponerle el apellido. ¿Transición a qué? A la democracia.
Entonces, al tercero de los planteamientos de Marco Rubio, que es la transición, también hay que colocarlo en el horizonte para que bajo ningún concepto quedemos en el status quo.
Maduro ya no está, pero el chavismo sigue. ¿Qué tan optimista está usted de lo que viene?
Todavía no estamos en transición. Hubo un cambio en el mando en el poder. Salió Maduro.
Maduro no era un presidente constitucional, era un presidente de facto.
En el proceso electoral de 2024 en el que se convocó a millones de venezolanos en las peores condiciones y al que concurrimos, votamos y todos sabemos lo que pasó. Maduro no ganó las elecciones.
Delcy Rodríguez es la vicepresidenta nombrada por un gobierno de facto.
Para que en Venezuela podamos hablar de transición, el gobierno de facto tiene que empezar a mostrar que el país va a ir institucionalizándose y que puede ir caminando hacia la democracia. Todavía no estamos allí.
Las liberaciones de los presos es un paso importante, pero insuficiente, porque primero tienen que darse las liberaciones de todos los presos políticos.
Fueron encarcelados por su participación en las elecciones, por haber defendido la soberanía popular.
Esas excarcelaciones deben venir acompañadas de algo de lo que no se habla, que es el cierre de la causa judicial, que sean libertades plenas.
Antes de esta conversación, empezamos a hablar de la libertad de prensa, de la libertad de expresión que contempla la Constitución venezolana.
Si empezamos a ver cambios en esos aspectos podremos ir hablando de transición.

¿Qué le dice usted a esos opositores que ven que tras la caída de Maduro es ahora Delcy Rodríguez, una figura clave del chavismo, la que gobierna?
Han pasado pocos días. Tenemos muchos años esperando y los venezolanos no nos vamos a conformar con poco.
El país todavía está sacudido. Pero yo abogaría por ir avanzando hacia la teoría de cambio. Ir estabilizando, recuperando económicamente el país e ir hablando sobre la base, porque además creo que podemos caminar y mascar chicle al mismo tiempo sobre esas bases.
Ir viendo cómo reinstitucionalizamos el país, cómo cambiamos los poderes, cómo estos pasan a ser poderes que tengan el respeto y la confianza de la mayor parte de la población venezolana.
Para mí el final de todo esto será una elección libre, democrática y el respeto por quienes compitan en la elección.
¿Cuándo?
Yo no me pondría en este momento a decirte que va a ser en 30 días.
Yo creo que en la medida en que vamos estabilizando y recuperando el país económicamente tiene que haber acciones rápidas.
El gobierno de Estados Unidos y la propia presidente encargada hablan ya de un ingreso petrolero que empieza a entrar al país.
Tú tienes que recuperar el salario mínimo. El salario mínimo en Venezuela es de menos de US$1 al mes. La pensión que cobran alrededor de cinco millones de venezolanos es de menos de US$1 al mes.
Tú no le puedes pedir a la gente más sacrificio en lo económico, en lo social y decirles: «Bueno, pero es que yo tengo aquí una cartilla de temas políticos, electorales».
El tema de la elección hay que ir visualizándolo en el horizonte, pero creo que sin duda alguna hay que recuperar ya el tejido social.
Para poder convocar un proceso electoral tiene que cambiar una institución que fue la responsable de no haber aceptado la decisión de los venezolanos.
Tú con este CNE (Consejo Nacional Electoral) no puedes volver a un proceso electoral. Nunca fue tan burdo y tan evidente el robo de la soberanía popular como ocurrió el 28 julio de 2024.
Cuando tú ves a los aliados, ¿cuánto defendió el presidente de Rusia a Maduro o el presidente de China, Xi Jinping, después del 3 de enero?
Para todos había algo claro, Maduro no contaba con la legitimidad del pueblo venezolano.
Volviendo al tema del 28 de julio, he hablado con muchos venezolanos opositores que se han preguntado dónde estaba usted cuando la oposición venezolana salió a la calle, tras unos resultados que gran parte de la comunidad internacional calificó como fraudulentos. ¿Qué les responde? ¿Qué les dice a los venezolanos que sienten que usted los dejó solos en la calle?
El protagonista del 28 julio no era yo, empezando por ahí, ni la conducción del liderazgo de la oposición me correspondía a mí.
El 28 de julio, yo era parte, y seguiré siendo parte, de la solución y del cambio. Pero no tuve un rol protagónico.
Yo hice todo lo que estuvo humanamente a mi alcance para que Edmundo González Urrutia ganara.
Pateé la calle como la pateamos muchos, buscando votos, buscando apoyo.
Yo he sido capitán del barco, pero no lo era el 28 julio.
El capitán del barco en el año 2013 fui yo y he explicado hasta el cansancio qué hicimos en 2013, qué hicimos en 2014, qué hicimos en 2015, 2016 y 2017.
Una cosa era enfrentarse a Chávez y otra cosa era enfrentarse a Maduro. Y otra cosa fue enfrentarse a Maduro en 2013. Chávez tenía un mes de muerto.
Una cosa era ir a unas elecciones con Chávez con un mes muerto contra Maduro y otra era ir contra Maduro años después, en una posición totalmente de desgaste.
Simplemente que a veces creo que es importante hacer un recuento sin sesgos para ver realmente cuál es la responsabilidad de cada quien.
Yo creo que hay que parar el ataque interno dentro de la propia oposición democrática, porque no va a haber cambio ni recuperación en el país si simplemente sustituimos la manera de hacer política o simplemente la cambiamos de color.
La oposición tiene que ser profundamente democrática.
Esto significa que podemos coincidir o no, eso no te hace a ti ni ser sostén del régimen ni colaborar con él.
Fíjate las vueltas que da la vida: quienes planteaban que la salida tenía que ser por la fuerza y que el gobierno de Estados Unidos iba a sacar a Maduro e imponer otro gobierno… No terminó siendo así.
Después de todo esto, lo más probable es que pase lo que queremos millones de venezolanos, que se recupere la democracia.

Desde la oposición se dan comentarios de que usted es un colaboracionista. ¿Qué les dice a esos venezolanos que piensan eso?
¿Qué significa colaborar? ¿La política qué es? ¿La democracia qué es?
¿Cómo podemos recuperar la democracia?
Hubo acción de fuerza. ¿Recuperamos la democracia? No, ¿verdad? No la hemos recuperado.
¿En dónde va a terminar todo? En una negociación.
¿Es la negociación ser colaboracionista? ¿Es realmente un problema de fondo o es un problema de protagonismo?
Pareciera que es un problema de protagonismo y ahí sí tenemos una diferencia. No estamos compitiendo internamente en la oposición.
Yo creo en la negociación, porque yo no soy guerrerista.
Yo creo que los venezolanos queremos que esto cambie y por eso estamos tan sorprendidos de lo que pasó el 3 de enero.
Probablemente, si tú le hubieras preguntado a la gente si eso era posible, el venezolano aquí te hubiera dicho que no.
Después de tantos años de lucha, una mayor confrontación puede significar más muertos, más heridos, más encarcelados.
Es un episodio que el país, sin duda alguna, no quiere repetir.
Usted ha apostado por el diálogo, por la negociación, pero esa estrategia muchas veces no ha funcionado. ¿Por qué funcionaría ahora?
El hecho de que tú no hayas alcanzado unos resultados por distintas razones y que no consigas la paz no significa que debes dejar de insistir por la paz.
Al final son tus creencias, tus convicciones.
Probablemente llegamos al 3 de enero como consecuencia de tantos procesos fallidos.
Por eso yo te digo que ese es un debate que en algún momento el país tiene que dar. ¿Por qué llegamos a esto?
¿Por qué llegamos a esto?
Yo creo que llegamos a esto porque el gobierno siempre creyó que podía salirse con la suya.
Siempre renunció a querer buscar que la democracia pudiera funcionar.
Yo más allá de quedarme pegado en el diagnóstico y en hacer análisis, yo más bien trataría de ver qué viene ahora.
¿Viene una mejora para el país? ¿Es posible que los venezolanos que están afuera puedan regresar a un país que tiene oportunidades?
Pudiéramos hablar de la razón para participar en las elecciones. ¿Por qué fuimos, a pesar de que era contracorriente?
Porque yo creo que siempre hay que tener una voz en una mesa, en cualquier sitio, porque creo que voz que no se expresa, país que no se expresa, de una manera u otra se silencia.
Fíjate el rol hoy de la Asamblea. ¿Qué pasaría si no hubiera nadie ahí? Ninguna voz de oposición en la Asamblea ¿Quién puede decirte a ti lo que se está planteando en la ley de Hidrocarburos? ¿Quién puede hacer la denuncia? ¿Quién puede ser la voz de la mayoría?
El pensamiento que está en la gran mayoría de los venezolanos es: ¿qué viene ahora?, ¿va a mejorar la situación económica interna del país?
El gobierno de Estados Unidos habla de inversiones millonarias. ¿Para dónde va ese ingreso? ¿Qué va a significar ese ingreso para los venezolanos?
Yo quiero una Venezuela para los venezolanos. Así como se habla de unos Estados Unidos para los estadounidenses.
El ingreso petrolero para el país, bien administrado, sin corrupción, que la gente empiece a decir: «Oye, hemos sufrido durante años, pero hay esperanza, pero hay luz. Viene la luz para el país».
Y esa luz, para que sea permanente, no puede depender de la política interna de Estados Unidos.
Por eso es tan importante el paso tres, que es definir la transición y ponerle además una hoja de ruta.
Diría que la elección no es el fin, la elección es un medio para ir devolviéndole la legitimidad a todo.
¿Y quién le da esa legitimidad? El pueblo venezolano.

Conociendo el nivel de resistencia del chavismo, ¿teme usted que una mejora económica y el hecho de que Trump pueda satisfacer sus necesidades comerciales conduzcan a que Delcy Rodríguez se perpetúe en el poder?
Ese no sería un escenario de cambio en el país y eso iría en la línea contraria de lo que ha explicado el presidente Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio.
Te confieso algo, yo no soy de los que salta cuando veo un mensaje en Truth Social del presidente Trump.
Yo no me quedo ahí cuando pone fotos y dice que es el presidente encargado de Venezuela.
Ese es el estilo de Trump. Es su estilo para su política interna y en su política internacional.
Ahí estará el desafío para la oposición. Por eso creo que es tan importante que la oposición deje a un lado los ataques internos y entienda que hay roles. No estamos en una competencia por el liderazgo. Yo no estoy compitiendo con María Corina, no tengo ninguna competencia con ella.
Creo que hay roles. Hay compañeros que están fuera del país, desde donde abogan precisamente por la recuperación democrática, y los que estamos internamente en el país también contribuimos a la recuperación democrática.
Porque yo no creo que después de tantos años alguien pueda lograr las cosas solo.
Yo creo que este país va a necesitar un gran equipo de trabajo, la ayuda de mucha gente.
Eso que tú me estás planteando, mientras tú continúes en una confrontación interna de la oposición, estás abriendo la puerta para que este entendimiento sea entre la administración que esté en Estados Unidos y los que están aquí.
Si yo pudiera hablar con el secretario Rubio y el presidente Trump les diría:
«Mire, está muy bien recuperar y estabilizar económicamente a Venezuela. Esa es nuestra teoría de cambio, recuperar el tejido social de los venezolanos.
Pero para que esto dure, para que esto sea estable en un país como Venezuela tiene que haber una legitimidad y esa legitimidad no se impone desde Washington.
Esa legitimidad la da el propio pueblo venezolano».
El peor error que puede cometer la oposición post 3 de enero es pensar que estamos en un proceso interno de definir liderazgos.
No podemos olvidar que Estados Unidos, que hoy es un actor fundamental producto de lo que pasó, tiene sus intereses, intereses económicos e intereses de su política interna.
No necesariamente los intereses de Estados Unidos tienen por qué coincidir con los intereses de los venezolanos.
Si no hacemos causa común, la oposición democrática puede quedar fuera de los procesos de negociación que se puedan estar dando.
A mí no me preocupa quedar fuera en términos de cuotas de poder.
En Estados Unidos en tres años hay elecciones y nosotros no podemos depender ni de unas midterm (elecciones de medio mandato) ni depender tampoco de una elección presidencial en tres años en EE.UU. para ver cuál es la política interna en Venezuela.
Quien le va a dar legitimidad al nuevo gobierno no es el presidente de Estados Unidos, sino el pueblo venezolano.
¿Todavía sueña usted con ser presidente de Venezuela?
No está en mi agenda, honestamente.
Mi rol en este momento en Venezuela hoy y por los tiempos por venir es recuperar la democracia. Eso no pasa por una candidatura.
Donde yo pueda ser útil para ayudar a recuperar la democracia, allí me vas a ver.
María Corina Machado fue inhabilitada, como lo fuimos otros.
La candidata (el 28 de julio) tenía que ser María Corina Machado, no Edmundo González.
González fue un candidato elegido por todos para poder suplir la ausencia, cosa que yo valoro porque, y lo he dicho muchas veces, para mí fue una extraordinaria sorpresa que María Corina se mantuviera en el proceso electoral.
Hemos llegado hasta acá porque fuimos a las elecciones el 28 julio de 2024.
La legitimidad fue consecuencia de haber participado.
Es mejor organizarse, movilizarse y expresarse para enfrentar a un régimen como el que nos ha tocado enfrentarnos a quedarse de brazos cruzados.
Por eso, cada vez que el régimen convoca un proceso electoral, mi opinión es que hay que dar la pelea.

¿Quién puede garantizar un nuevo proceso electoral? ¿Cree que hará falta que Estados Unidos intervenga nuevamente?
No es que Estados Unidos intervenga nuevamente.
Es obvio que Estados Unidos está hoy sentado en un rol protagónico, pero no fue porque la oposición se lo diera. Es que el régimen venezolano es el que le está dando el rol protagónico.
¿Con quién se conversa la posibilidad de que vuelva la embajada de Estados Unidos? ¿O el que un representante del gobierno de Delcy Rodríguez vaya a ir a Washington es consecuencia de quién?
Hay un proceso de negociación entre Estados Unidos y Delcy Rodríguez.
Estados Unidos está en la mesa. Lo que yo le diría a Estados Unidos es que para que esto sea el país que queremos todos, para que Venezuela tenga el peso que puede tener desde el punto de vista económico, como un país tan importante en la región, porque lo somos por múltiples razones, no olvidemos el apellido. El apellido es democracia.
Cuando hablamos de transición, yo le diría al secretario Rubio que la transición es a la democracia.
En el mundo de hoy pareciera que las democracias están en aprieto y que los gobiernos de fuerza, muchos de ellos no democráticos, están cada día ganando más terreno.
Yo creo en la democracia con todos sus problemas. Es el mejor sistema de gobierno para combatir la pobreza, para darle libertades a nuestra gente en el mundo, para que nuestros pueblos puedan progresar y puedan tener lo que cada ser humano merece tener.
Yo creo que las dictaduras de derecha, de izquierda, todas son malas, todas violan derechos humanos. Todas se basan sobre el terror, el miedo y oprimen a los pueblos.
No es verdad que en las dictaduras hay riqueza.
Usted ha hablado mucho últimamente de su plan económico y de la economía del país pero ¿cuál es su plan político en los próximos años? También ha hablado de una hoja de ruta hacia la democracia. ¿Cómo lo ve usted?
Mi plan político es democracia, democracia, democracia y más democracia.
¿Qué significa la democracia? Poder judicial autónomo, independiente.
¿Hay en Venezuela un poder autónomo independiente judicial? Cero. Aquí no hay justicia desde hace mucho tiempo.
¿Respeto a la Constitución? Cero. La Constitución es el plan para que nadie sienta miedo. Ahí están los deberes, los derechos y está para que se cumplan las reglas.
¿El poder electoral sirve en Venezuela? Da pena. Esa es la verdad.
Desde el 28 julio se dieron dos procesos electorales más. Todavía estamos esperando que publiquen las actas.
Poder ciudadano, Fiscalía, Defensor del Pueblo, Contraloría. ¿Hay? Son totalmente controlados.
¿Hay democracia cuando no hay separación de poderes? ¿Hay democracia y poderes independientes? No.
La democracia no es solo votar, es mucho más que votar. La democracia es el respeto a la dignidad humana. La democracia es que tú y yo estemos aquí hablando y tú digas lo que tú quieras. La democracia es que tú publiques.
En Venezuela hay una ley contra el odio. ¿Quién define el odio? Porque yo veo a voceros del gobierno todos los días promoviendo el odio.
Para ellos no aplica la ley contra el odio. Las reglas son para el de a pie.
Entonces, ¿cuál es el plan político? Que el país recupere la democracia. El elefante da pasos poco a poco.
Hay que decir una verdad que a algunos a veces no les gusta: la recuperación democrática no es de la noche a la mañana.
Después de tantos años de abuso, de atropellos, no hay un cambio en la conducta de una noche a la mañana.
Se habla de las garantías. Ahora, ¿cuál es el mejor espacio para que se construyan esas garantías? La democracia, la Constitución.
Una de las cosas que a mí me preocupa de nosotros, la oposición, es el autoritarismo, esa manera de atropellar, de tratar de descalificar.
Si me diferencio de ti, es que estoy en tu contra. ¿Y por qué?
O eres traidor o eres colaboracionista o voy y te monto una campaña para descontextualizar, descalificar.
No es verdad que el país perdió interés en la política, porque siente que la política al final no le brinda la más mínima solución.
Entonces, si no hay política, ¿qué hay? ¿Guerra?
Yo le digo a mucha gente: «Si no logramos entendernos como se entienden las personas, hablando, ¿cómo nos entendemos? ¿A punta de pistola, a punta de fusil, a punta de de bombazos?».
El escenario que pintaba el gobierno aquí era uno de guerra civil.
Y fíjate, el venezolano no respondió con una guerra civil. Aquí nadie salió a matarse como consecuencia de lo que pasó con Maduro y es una verdad que el gobierno no quiere reconocer.

¿Cree usted que todavía hay un riesgo de que haya una guerra civil como algunos sugieren?
Yo creo que el venezolano dio una respuesta contundente después de lo que pasó el 3 de enero. Aquí nadie va a matarse por un líder, llámese como se llame, no lo van a hacer.
Maduro hasta el cansancio repitió que el país se volcaría a las calles. Cuántas veces dijeron: «Si aquí entran los gringos no van a poder salir. Si aquí entran los gringos, van a tener que llevar en saco los muertos».
Yo no defiendo la violación del derecho internacional, pero yo también le pido a esa comunidad internacional y esos actores políticos, sin ponerles etiqueta ideológica, que nos pregunten a los venezolanos lo que sentimos.
¿Cuántas veces el gobierno violó la Constitución? ¿Cuántas veces nos amenazaron?
Yo no justifico los bombazos, jamás los voy a justificar.
Y no es darle patente a ningún presidente de ningún otro país.
El país es de los venezolanos. Pero lo cierto que llegamos a una situación inviable, insostenible.
Esa puerta la abrieron el día que desconocieron la voluntad de millones de venezolanos que votaron pacíficamente el 28 de julio del año 2024.
¿Qué hizo Maduro?
Pasarle por encima a la gente, imponer a troche y moche a un gobierno que no había sido elegido por la gente.
Muchos años de sacrificio, de comernos, como dicen las verdes, las maduras.
Ahora, esto que pasó no puede ser para mantener el statu quo, no puede ser para darle una vuelta para seguir en lo mismo.
Esto tiene que traer la democracia.
Venezuela no puede ser vista como un business. No.
Venezuela tiene que ser visto como un país donde viven millones de venezolanos que quieren trabajar, que quieren futuro.
No somos colonia, ni potencia ni nada. Es nuestro país y queremos tener la mejor relación con el mundo.
Y que nuestra gente pueda progresar, mejorar, que este sea un país donde la dignidad humana sea respetada.












